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La adivinanza por todo lo que hemos visto ha sido, es y seguirá siendo parte de nuestro acervo tradicional. En ella se da un código lúdico-poético, que ha sido gratamente asimilado y trasmitido a través de las generaciones y culturas, sin menoscabo de su pervivencia, enriquecimiento y valor, y que ha propiciado su capacidad de crearse y recrearse para gozo de quienes disfrutamos del juego ingenioso que en ella se oculta. Juego ingenioso que contribuye a desarrollar la imaginación y la capacidad de comunicación de quien lo practica, además de incrementar su acerbo léxico y su sensibilidad en el manejo del lenguaje y el ritmo, lo que le permite un mejor acercamiento a la poesía.

Después del recorrido que hemos hecho aquí creo que será más sencillo encontrar la respuesta de cualquier adivinanza, pues entendemos el qué, el cómo y el para qué de ellas. Hemos visto cómo todas mantienen una estructura y cómo contienen elementos suficientes para que podamos dilucidar, deducir, reconstruir o encontrar la solución correcta, incluso cuando ésta sea aparentemente tan difícil que haga más interesante el reto. Gracias a la adivinanza disfrutamos de éste reto, de su poesía, su humor y picardía, su sentido críptico, su capacidad creadora y, sobre todo, lúdica e imaginativa.
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